20 de febrero de 2013

Ensimismado

 

Aunque soy espontáneamente optimista y sincero, debo de reconocer que soy un poco huraño, y que —más bien— me gusta estar conmigo mismo, ensimismado. Por eso, pintar me hace tanto bien.

11 de febrero de 2013

Pequeñas memorias



La Universidad de Guanajuato
a través de la Dirección de Extensión Cultural
tiene el honor de invitarle
a la inauguración de la exposición

Pequeñas Memorias (pintura de Jordi Boldó)

12 de febrero 2013, 20.00 horas
Galería El Atrio
Plazuela de la Compañía s/n Zona Centro, Guanajuato, Gto.

Pequeñas memorias de Jordi Boldó: visita a un Aleph
Obligado a la pausa y a la atención extremada, pero sin asomo de tensión; transportado por pasos pequeños que, vistos desde afuera, se asemejan más bien a la activa inmovilidad.

Por Carlos Ulises Mata | Marzo 2, 2013 Periódico Correo de Guanajuato
 
GUANAJUATO, Guanajuato.
Obligado a la pausa y a la atención extremada, pero sin asomo de tensión; transportado por pasos pequeños que, vistos desde afuera, se asemejan más bien a la activa inmovilidad. Emocionado, ahíto, deslumbrado, visité hace unos días la exposición “Pequeñas memorias”, del pintor mexicano, de origen catalán, Jordi Boldó, que se exhibe en la Galería El Atrio.

Muestra espléndida
Compuesta por 109 pequeñas pinturas, elaboradas con técnica mixta (acrílico, tinta china, gouache, collage, en libre combinación, aunque nunca todas juntas), sobre paneles de madera de 9.5 x 11 centímetros, “Pequeñas memorias” es una muestra espléndida —revisión y promesa— del arte de un creador nacido en Barcelona, pero naturalizado mexicano desde hace más de cincuenta años, los mismos que tiene de trayectoria creativa.
     Definido en ocasiones repetidas como pintor abstracto, sobre todo por la necesidad de la crítica de otorgarle una fijeza que tranquilice a los historiadores, Jordi Boldó es un pintor sin adjetivos o, en todo caso, es un pintor que demuestra que el calificativo de “abstracto” no es una limitación sino una posición avanzada y una conquista superior, ya que todos los grandes pintores lo son (recordemos dos ejemplos mayores: Turner y Cézanne).
     Por mi parte, al visitar “Pequeñas memorias” en la Galería El Atrio y, más tarde, al leer el texto homónimo de su autoría que se incluye en el catálogo de la exposición, realicé el doble redescubrimiento de Jordi Boldó como extraordinario pintor y como escritor de gran calidad. Con las imágenes de sus cuadros todavía en activa sucesión y fusión en la memoria, la lectura del escrito de Boldó me impresionó al hacerme descubrir las intensidades, violencias y vaivenes de su infancia y adolescencia, vividas en forma alternada entre Guatemala y México, al lado de su familia obligada al exilio. Y no porque esa experiencia terrible (que fue la de dos generaciones de españoles) le pertenezca con exclusividad a él, sino porque Boldó reconoce en esas vivencias llenas de intensidad exterior el antecedente real del que surgen los cuadros de la serie abstracta que expone.
     La transmutación resulta sorprendente ya que se trata de vivencias que el espectador común no imagina que puedan penetrar en una obra abstracta. Se trata, por ejemplo, de pequeñas hazañas juveniles (ascensión a montañas y volcanes, caza de lagartijas y culebras), de amistades intensas (entre otros, con Chang, el chinito que hacía pasteles de plátano), de revelaciones deslumbradoras y traumáticas (la desnudez de su madre, la visión de su abuela lunática en el asilo) y de actos de violencia política que le tocó presenciar (el golpe de estado a Jacobo Árbenz, el atentado guerrillero a una gasolinera). Además, la sorpresa deriva de descubrir que, como espectador, nunca tuve la necesidad de conocer esas circunstancias y antecedentes para componer mi propio viaje imaginario a través de la exposición.
    Un viaje imaginario que tuvo las calidades de una visita al Aleph borgesiano, heterogéneo jardín también imaginario en el que recogí, entre otras, las visiones que transcribo enseguida.

Sensaciones de un viaje
Vi el salto de un niño, su ascenso emocionado y su llegada a la cima del aire del jardín, y su descenso libre en el paracaídas de la imaginación. Pero en el cuadro no estaba el niño, ni aparecía un jardín, ni se mostraba el paracaídas. Lo que vi, entonces, no fue al protagonista del salto, sino el salto mismo.
    Vi la lluvia por primera ocasión descubierta en su abigarramiento continuado y en la disciplina militar de sus gotas, a veces interrumpida por las rachas del viento. Pero en el cuadro no llovía, ni escurrían hilos de agua. Lo que vi, entonces, lo que experimenté, fue la frescura que sigue como sombra a la lluvia; lo que escuché fueron sus pasos alternados, su danza loca.
     Vi el horizonte marino emblanquecido hasta el enceguecimiento, puntuado apenas por el vuelo de un pelícano. Pero nadie aseguraría que en el cuadro apareciera el mar, cierto mar. Lo que vi entonces fue la apertura primigenia a la luminosidad y sus defectos, descubierta un instante después del nacimiento y del espasmo sexual.
    Vi la barda de tablas o de ladrillos encalados que resguarda el jardín donde crece el manzano, a cuyo alrededor camina por las tardes la chica frutecida del vestido transparente. Pero no latía nadie detrás del muro (no había muro). Lo que acaso inventé que vi fue la imagen de un sueño de Rothko capturada antes de Rothko por Jordi Boldó.
     Vi, encerrado en el calabozo de una cárcel provinciana, el dramatismo de un cielo teñido por un cotidiano e inaccesible atardecer. Pero en el cuadro no había sino libertad. Lo que vi entonces fue la variación de colores que por capricho adquieren las vetas de un trozo de madera, en su sinuoso recorrido del blanco, al amarillo, al azul.
    Vi un puente hecho de cuerdas y acechado de pudrición y fragilidad, tendido sobre un abismo en cuyo fondo corre un río que no pude mirar. Pero en el cuadro sólo podía descubrirse una incisión lineal en medio de la nada matérica. Lo que vi entonces fue la ejecución visual de un verso de Octavio Paz: “liana que cuelga del cantil del vértigo”.
    Vi un patíbulo solitario y enrojecido hasta el negro tras ser untado minuciosamente con brea y con sangre. Pero no había verdugos en el cuadro y en medio de tamaña soledad la única víctima propiciatoria era yo. Lo que vi entonces fue la inscripción de una T inmensa que recita en silencio: tiempo, tiempo, tiempo.

30 de enero de 2013

La memoria de las cosas



 La memoria de las cosas, Jordi Boldó, Ediciones Monte Carmelo y Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Primera edición, 2013. Editor: Francisco Magaña. 152 pp.

A Esmeralda

Este libro es un dibujo de mí mismo, un autorretrato disperso y errático de mi vida fragmentada. Le di forma reescribiendo, empalmando y podando varios apuntes y notas sueltas que acumulé con los años. Es un caprichoso conjunto de textos breves que intentan seguir, más o menos, un orden temático, pero cuidando no alterar la naturaleza absurda y contradictoria de la memoria y la reflexión cotidianas. El resultado final viene a ser un espacio de confesión, revelación, esclarecimiento y redención, cargado de experiencias, evocaciones familiares e impertinencias. Ese es el espíritu de estos relatos —algunos reflexivos, otros no tanto— soltados abiertamente, un poco sin rumbo, y atrapados en los engaños del recuerdo y la razón. A veces miento o exagero un poco, sólo un poco, para hacer más interesante la lectura, pero también porqué me gusta ver y contar las cosas, no tanto como son, o como fueron, sino como me hubiera gustado que fueran. Con estos íntimos apuntes —algunos ilustrados con fotografías y pequeñas viñetas, como lo hacía en los cuadernos de mis primeros años de escuela—, confirmo que la fragmentación y la dispersión siempre han sido parte de mí, aunque creo que estas cualidades son, sobre todo, propias de nuestro tiempo.


No tengo ninguna pretensión literaria, yo sólo sé contar cosas sin imaginación, al borde de la literalidad. Escribo para entretenerme y porque me gusta pensar por escrito en el sentido de la vida y en mi oficio de pintor. He pasado muchas horas a solas ocupado en estas páginas; fue fabuloso, he podido hacer un viaje adentro de mí, aunque allí tampoco encontré nada especial. Escribir ha sido un bálsamo, una especie de remedio al desasosiego y a la melancolía. Puede que sea una tontería haber publicado estas lucubraciones que quizá hubieran debido quedarse guardadas en el ámbito privado, pero algo me impulsó a compartirlas. Este es un libro que, a retazos, cuenta —a veces con ironía, a veces con seriedad— parte de mi vida, mi trabajo y mi forma de pensar.

26 de enero de 2013

De fracasos


 

Hay dos formas de fracasar: una, ante los demás, y otrala verdadera— ante uno mismo. 

2 de enero de 2013

La fama



No hay como poder pasear sin estorbos de miradas ¡Que tonto es soñar con la fama!

1 de enero de 2013

Memoria y horizonte (instalación)



Piezas realizadas espontáneamente en barro. Serie que evoca uno de mis juegos favoritos en la infancia: la construcción de ambientes y ciudades.
Ejercicio de la memoria inspirado en los juguetes de armar, que me llevó intuitivamente a recuperar antiguas sensaciones con estructuras y ordenamientos de formas geométricas y volúmenes elementales, para, finalmente, imaginar un nuevo y desenfadado “horizonte arqueológico” de múltiple combinatoria.

Serie conformada por ciento treinta piezas, armable de muchas maneras, y que representa una pequeña y cambiante mirilla o rendija de observación al pasado, a lo olvidado.

La experiencia de haber producido este conjunto resulto ser un emocionante y alentador paseo por mi interior que nació por el simple deseo de escarbar en aquellas experiencias iniciales de mi niñez y de profundizar en el espíritu del juego. Y todo, a través de un primer contacto, y de un diálogo ritual con el barro, práctica milenaria asociada a los orígenes del hombre, a su memoria y al paso del tiempo. Con este trabajo, constaté que el barro tiene la capacidad de expresar, como ningún otro material, lo prístino y lo esencial, porque sus elementos son tan puros y poéticos, como la tierra, el agua o el fuego.


Jordi Boldó / Memoria y horizonte (instalación) / Cerámica de alta temperatura (stoneware) / 130 piezas, medidas variables, aproximadamente 5m2.

14 de diciembre de 2012

Pintar

 

Pintar es para mí, más que un trabajo, una manera de conocer y de integrarme al mundo; de vivir y enfrentar el olvido. Pero es también —contrariamente— una forma de aislamiento y autoengaño. Cuántas veces no he pintado para olvidar o mentirme a mí mismo.

7 de diciembre de 2012

La pintura y yo

 

No es que quiera dejar la pintura, más bien creo que ella me está dejando a mí.

18 de noviembre de 2012

Comunicación



Muchas veces nuestra comunicación se vuelve difícil porque la sociedad nos orilla a ocultar nuestros deseos y pensamientos.

27 de octubre de 2012

Comunicación directa



Aunque en donde vivo se considera de mala educación, a mi me gusta la gente que va al grano, que es precisa y directa; que se comunica sin protocolos ni concesiones a ritos y solemnidades sociales.

19 de octubre de 2012

La buena pintura



La buena pintura siempre es ambigua; es luminosa y oscura a la vez.

8 de octubre de 2012

Hay familias


 

Hay familias que tienen una forma prodigiosa de comunicarse; todos hablan al mismo tiempo, y aún así, se entienden.

29 de septiembre de 2012

Entre lo cierto y lo falso



Siempre trato de guiarme por la verdad. Casi nunca miento, quizá exagero un poco, sólo un poco, para hacer más interesantes las cosas. Y si miento, tampoco lo hago a propósito, sino en defensa propia, orientado por un poderoso instinto protector. Todos, en cierta forma, nos conducimos siempre entre lo cierto y lo falso.

18 de septiembre de 2012

Referencias [segunda serie]

Hace tiempo que intento llevar mi pintura a la escultura y resolver en el volumen mis inquietudes plásticas. Sin embargo, reubicar determinados criterios bidimensionales en el plano tridimensional, y además, no perder mi identidad, me ha sido muy dificil. Creo que la mayor dificultad ha estado en el tipo de abstracción que practico, que más que generar formas rotundas, recrea atmósferas, o simplemente las sugiere. Otra dificultad, ha sido mi particular obstinación por echar mano de recursos propiamente pictóricos. He tenido que esperar bastante tiempo y acumular experiencia para poder producir, con relativa seguridad formal y expresiva, estas piezas que tienen como punto de referencia mi pintura. De ahí el titulo, Referencias, que he escogido para este conjunto.

Ver imágenes en jordiboldo.com en el apartado de Galerías / Referencias [segunda serie].

13 de septiembre de 2012

Gente divertida

 

Me aburre mucho la gente divertida.

3 de septiembre de 2012

Energía desorientada

 

Hay cierto tipo de presiones que me orillan a trabajar con una energía desorientada en la que nada me retiene; es un estado de ánimo desequilibrado que no me deja concentrar y que me hace pasar inmediata e irracionalmente de una cosa a otra sin resolver, bien a bien, absolutamente nada.

25 de agosto de 2012

Conversaciones



Hay conversaciones que me producen cierta incomodidad estética.

18 de agosto de 2012

Hablar

 

Hablar con la gente me intranquiliza, y, en el mejor de los casos, me fatiga.

10 de agosto de 2012

Limosnas

 

 ¿Y qué hago mal si doy limosna; o si no la doy?

31 de julio de 2012

Importancia de la ortografía


 

No es lo mismo ceda el paso, que: se da el paso.
¡Cuidado con los accidentes!