19 de noviembre de 2008

¿Y ahora, por dónde?



Nunca me interesó el realismo. Después de algunos ensayos figurativos me dediqué a la abstracción con un desbordado e irreflexivo gestualismo físico y anímico. En un principio, practicaba una pintura impaciente y apasionada que parecía huir en búsqueda de mí mismo. Produje, sin cesar, arriesgadas piezas a las que no me gusta del todo llamarlas experimentales.

Con los años superé los arrebatos, mi lenguaje se aligero formalmente y se estructuró conceptualmente. No es que caminara hacia el minimalismo, sino que trabajé para esencializar mis formas y sintetizar el espacio. En pintura uno es su propio maestro, aprende de su experiencia. Mi sistema de trabajo ha sido la serie; siempre parto de un tema y persigo intuitivamente el impredecible hilo del proceso creativo hasta sus últimas consecuencias. Al final, reflexiono sobre lo hecho, y vuelta a empezar, serie tras serie, en permanente revisión y depuración. Así lo he hecho siempre.

Hoy me pregunto: ¿y ahora, por dónde? ¿no debería de cambiar la forma de hacer las cosas? ¿es posible pintar sin tema? ¿importa acaso la identidad, o la calidad estética? ¿debo acercarme o alejarme del territorio conceptual? ¿sigo en lo mismo? ¿rompo con todo? Me pregunto, también, si el arte debe de ser siempre arrebato, o si podría yo emigrar —con mi pintura determinada por la acción— a otras expresiones más contemplativas. Igual que con otras dudas, no logro encontrar respuesta, o quizá, mejor, el justo medio. Por ejemplo, como lograr el equilibrio entre un iluminado carpe diem y una actitud comprometida y de esfuerzo.

Vivo los últimos meses como en punto muerto. Estoy inmóvil en un ocasionado momento de apagada imaginación, y digo ocasionado porque creo que es provocado por circunstancias externas, objetivas; cuestiones tangibles que sólo refuerzan mi incertidumbre ante la vida. Viajar siempre había sido una buena receta para reencontrarme y desatascar los atorones anímicos y creativos. Pero esta vez, volví de un viaje y sigo suspendido en la meditación de las cosas, las importantes y las banales, las más cercanas y las más lejanas. Me siento desorientado, perdido en una exaltada quietud y en una incierta espera que parece detener el tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada